17 abril 2018

Los vampiros de Transilvania han vuelto

Transilvania se ha quedado seca. No queda sangre para el conde inmortal. Por eso el murciélago alza el vuelo hacia América, en busca de jóvenes en las que hincar sus colmillos sedientos de poder y sangre.

Esta es la trama de Drácula y otros vampiros, la propuesta de Macunaíma, que recala desde esta noche y hasta el 23 de marzo en el Teatro Olimpia de Madrid.

La labor de esta emblemática compañía brasileña, que ha guiado Antunes Filho, ha sido seguida por el público español con interés. En esta ocasión, Antunes Filho -que paradójicamente ama el sol y la luz, como buen Sagitario- se ha adentrado en el reino de las tinieblas, para hablar esencialmente de dos cosas: seducción y poder.

«A lo largo del espectáculo planteamos el Drácula tradicional, a la búsqueda de sangre joven y su gran viaje político: la seducción de Drácula es la del poder, el proselitismo de las ideas totalitarias», señala.

La esencia de este hombre de teatro se basa en la pluralidad y el descubrimiento. Drácula y otros vampiros, un proyecto del Centro de Pesquisa Teatral do Sesc, nació tras un taller con jóvenes actores y un largo proceso. «Prefiero trabajar con equipos jóvenes porque nuestro camino está en la búsqueda, la investigación y la renovación del lenguaje teatral. La juventud de América nos permite, además, hacer ciertas cosas que en Europa no están permitidas», añade.


Con esas ciertas cosas se refiere a abrirse a todo tipo de influencias y a reconocerlas en su integridad: desde el manga japonés y el cómic underground brasileño, al teatro balinés y la cultura oriental, pasando por el Apocalipsis, Silvia Platz o Baudelaire, referentes del montaje.

Y prosiguiendo la descripción de su imaginario, Antunes Filho apela a la divinidad hindú Shiva. «Dionisos es la revuelta; Shiva, la creación, el renacimiento y la muerte. Lo dionisíaco habla de exaltación: Shiva, de ilusión. No es el camino del ser o no ser: es el de ser y no ser. Es el teatro y la vida como juego, como juego hermoso y divertido», matiza.

Macunaíma ha dejado tras de sí una estela de grandes momentos del teatro latinoamericano. Y ello con una formación rigurosa de sus intérpretes, dotados de una fuerte expresión gestual y voces muy preparadas. Tal vez por eso han sido capaces de conjugar el teatro de texto - La leyenda de Gilgamesh fue su anterior montaje- y la creación de un idioma propio, formado por sonidos guturales y palabras que no pertenecen a ninguna lengua, pero que espectadores de todas las naciones comprenden. «El mundo se vuelve muy pequeño cuando hablamos de corrientes y estéticas. Y creo que Goethe tenía razón cuando advertía del peligro del hombre de un solo libro», añade Antunes.

La presencia de Macunaíma en Madrid, primera capital europea de su gira internacional, se ha visto marcada por el homenaje a Moisés Pérez Coterillo, alentador del encuentro latinoamericano. «El valor de su colaboración ha sido fundamental para nosotros», concluyó.

09 abril 2018

Me gustan las mujeres con bigote

Sentado en mi butaca, en un cine, advierto en la fila anterior la presencia de un mendigo de mi barrio, que está merendando mandarinas, se desvanece adormilado, se hunde bajo el respaldo hasta desaparecer, viene y va de la papelera a su localidad, y viceversa. Un poco más adelante, una mujer, de edad intermedia, discute con la pantalla, se levanta y coloca unos cintajos sobre las luces de referencia de la salida de la sala. Luego, se cambia de sitio y se traslada a mi fila, que está desierta. Me inquieta, la vigilo de reojo, ya no veo la película con la misma calma. Después, se pone a cantar. Hay ratos en que hay más acción en el patio de butacas que en la pantalla. Algunos creen que en los cines no pasa nada.

Ciertas mujeres piensan que su manera de combatir a los hombres es ser como ellos. Y también que equipararse es adquirir sus peores defectos. Esta es la base oculta de la primera película dirigida por el guionista Joaquín Oristrell, ¿De qué se ríen la mujeres?. Por eso es una comedia, muy efectiva, y da mucha risa: porque es la multiplicación de dos ridículos.

Comida de presentación de la cuarta novela de Pedro Sorela, que trabaja sus títulos como cada línea de sus libros, dedicando a la prosa la persistente terquedad perfeccionista que se dedica a un verso: yendo a muerte. Este libro se llama Viajes de Niebla (Alfaguara), y sucede a Aire de Mar en Gádor, Huellas del actor en peligro y Fin del viento. Su editor, Juan Cruz, y su presentador, José María Merino, coinciden en señalar una paradoja: el nacimiento de una nueva etapa del escritor y la consolidación de un mundo propio. La aspiración máxima de un artista es poder cumplir con esta paradoja: seguir y cambiar a la vez. Lo contrario es, con frecuencia, banalidad y aburrimiento.


Quiero ir a ver la exposición en la March de Toulouse-Lautrec, en domingo, y resulta que las colas llegan hasta donde el pintor perdió los pinceles. Menudo éxito. No he nacido ni para hacer colas ni para correr detrás de un autobús. Otro día será. Entro en la exposición de Frida Kahlo, Amelia Peláez y Tarsila de Amaral en la Fundación La Caixa. Y decido lo que ya venía rumiando hace años: que Frida Kahlo no me interesa nada, que su mezcla de patetismo e indigenismo no me conmueve, que su mito, en definitiva, no nace de sus cuadros, no nace de la pintura, sino de la literatura, de la literatura hecha con su vida y con su muerte, con su enfermedad y con sus amores. Y, desde luego, no me gustan las mujeres con bigote.

Es una buena película, Michael Collins, pero resulta decepcionante que cineastas europeos como Neil Jordan hayan adoptado con tan aplicada fidelidad el estilo del cine industrial norteamericano. Hay ideas muy interesantes en esta película, pero, al poco de empezar -con aquellos planos enfáticos, aquella música sinfónica-, me obsesioné con la sensación de estar asistiendo a la configuración de un héroe y a la puesta en pie de una épica con los recursos trillados del cine norteamericano. Y las ideas de la película me parecieron menos dignas de consideración porque también a ellas les atribuí la trampa y el efectismo del propio estilo de narrar. A Alan Parker (Evita), y a tantos ingleses, les ha pasado lo mismo. Es respetable, es una opción laboral. Pero como espectador cada vez busco más las miradas personales no contaminadas por las reglas del manual de la empresa.

La segunda novela de Lourdes Fernández-Ventura ofrece el perfil redondeado de una escritora cuajada, de prosa tan precisa como bella, lírica y erótica en su textura. Donde nadie nos encuentre (Planeta) presenta una muy sugestiva galería de personajes, que viven su dramática peripecia en el París del primer tercio de siglo. Presentamos el libro Soledad Puértolas y yo. Al acabar nuestras respectivas intervenciones, me doy cuenta de que Soledad se ha basado en el personaje masculino que narra la historia y yo en el personaje femenino que la protagoniza. Cada uno, sin repartir los papeles, hemos mirado hacia un lugar. Cada lector mira hacia un sitio, lo que forzosamente termina por suponer que un escritor cuenta tantas historias como lectores tiene.

Vuelve a Madrid el grupo brasileño de teatro Macunaima con el espectáculo Drácula y otros vampiros. Macunaima fue, cuando fue, una revelación, una explosión en Madrid. Un prodigio que iba unido a otro prodigio: una nueva forma de vivir la vida, Madrid, España. Fue una euforia dentro de otra euforia. La sensación que su nombre evoca hoy es de nostalgia y pérdida. Hay que ver el espectáculo y pensar en otra cosa.

03 abril 2018

La belleza de los cementerios

El blanco de las vírgenes sobre el negro de los ataúdes; las túnicas vaporosas entre las capas de los vampiros. La inocencia violada y el militarismo de los muertos vivientes. Drácula y otros vampiros es una espléndida metáfora de las dictaduras de América Latina, toda una enseñanza de cómo el poder y la muerte van devorando la libertad y la vida.

El conde de Transilvania, si bien se mira, no es aquí otra cosa que un argumento político y un pretexto estético que el grupo Macunaíma aprovecha en todas sus posibilidades de sugerente plasticidad.

Hay mito y religión, hechicería y sacrificio: la belleza de muchachas ingenuas y el expresionismo fúnebre de tumbas y resurrecciones. La inocencia lucha contra la depravación y, finalmente, el mal, como una marea incontenible, se acaba extendiendo por todos los países de la tierra.

Lo que la vieja Europa exporta a América Latina son gérmenes de nazismo que enseguida, en la tierra fértil y la juventud fecunda, se desarrolla y triunfa. Esta podría ser la explicación esencial de Drácula y otros vampiros.


El conde Drácula y su ejército de sombras es, en realidad, un fürher, sus SS y su Gestapo. Desfiles y banderas, uniformes militares y la parodia última de los discursos de Hitler hablan con suficiente elocuencia, por si alguien pudiera tener alguna duda, sobre la naturaleza de este Drácula.

El espectáculo apenas se apoya en la palabra -hay textos de Baudelaire y fragmentos del Apocalipsis-. Es el gesto en libertad, pero administrado con total precisión y sentido; es también el contraste de tonalidades, el dinamismo actoral.

En la descomposición de la muerte fulge una belleza sombría y una amenaza: los cuerpos espléndidos de ese ejército de sombras femeninas, la pureza lustral del club de las vampirómanas...

En un continuo proceso de desdoblamiento, ellos y ellas se multiplican en el escenario. Ora burgueses, ora vampiros o activas vampiras que proveen de sangre joven a su jefe, ora púberes canéforas. El juego de máscaras no es sino una múltiple representación de la muerte y del misterio apenas encubierto.

Magnífico el trabajo de conjunto, lleno de vitalidad interpretativa. En él destaca un Drácula muy poco solemne (Eduardo Córdobhess); una generala (Lulu Pavarin) que, entre muertos vivientes y adolescentes sacrificadas, ha de recurrir a la masturbación para satisfacerse; y un secretario, cómplice y sombrío, que se beneficia de las mujeres succionadas por su necrofílico patrón.

27 marzo 2018

La leyenda de Drácula

La leyenda de Drácula ha fascinado a millones de personas desde que en 1882 Bram Stoker publicó una novela sobre el emblemático vampiro. La emisión de hoy de Documentos TV ofrece un reportaje donde se informa de las actividades realizadas por estudiosos que buscan evidencias sobre esta leyenda en cementerios y archivos de todo el mundo.

Los científicos están separando lo que es leyenda y folclor de la realidad, eliminando las creencias sobre aristócratas que beben sangre, aman a los murciélagos y temen a la luz. En su lugar se centran en el auténtico fenómeno de los vampiros: el mito del muerto que salía de su tumba para traer desgracia y muerte sobre sus amigos y familiares.


El espacio recuerda el caso de Stukely Tillinghast, que perdió a seis de sus 14 hijos. Se dijo que Sarah, su hija mayor y la primera en morir, regresaba para imponer sus manos sobre la próxima víctima. Tillinghast exhumó los seis cuerpos y encontró que todos, excepto el de Sarah, estaban descompuestos. Algo similar ocurrió en el pueblo serbio de Medvegia, donde sus habitantes desenterraron el cuerpo de un hombre que, tras pasar varios años bajo tierra, tenía sangre fresca en sus ojos y boca. Los campesinos le clavaron un palo en el corazón y lo devolvieron a su tumba.

Documentos TV se ocupa del caso de Mercy Lina Browm (Nueva Inglaterra), que fue desenterrada porque algunos miembros de su familia estaban muriendo y los médicos no sabían cómo evitarlo. Al abrir el ataúd comprobaron que su corazón contenía sangre fresca. Por último, el reportaje Buscando a Drácula analiza la figura de Vlad, el personaje histórico en el que se basó la novela Drácula.

19 marzo 2018

David Bowie era vampiro

Hincar el diente y chupar, como los vampiros. Esa ha sido la profesión de David Bowie desde 1967. La vampirización exenta de escrúpulos a la hora de crear puede llegar a convertirse en arte si se sabe hacer -fagocitando, asimilando- y Bowie, tradicionalmente, ha sabido. Que se lo digan a Bob Dylan, a Donovan, a Marc Bolan, a Lou Reed, a Los Stooges del viejo Iggy Pop, a... así que, por mucho que se sigan empeñando algunos en llamarle camaleón por aquello de los cambios de piel, estamos ante un vampiro. Ya lo dijo una vez Mick Jagger: «Con David delante, no puedes llevar zapatos nuevos. Te los robaría». Un Drácula del rock que cumplirá 50 años dentro de once días, onomástica que celebrará con una gran fiesta junto a sus amigos y -se dice- con un concierto sorpresa en Londres.

El medio siglo del eternamente joven Bowie provoca, como siempre ocurrió con el personaje, considerables dosis de interés musical, personal y hasta marital (no olvidemos que hace cuatro años se casó con la top-model somalí Imán, nupcia que fue carne de la versión inglesa de la revista ¡Hola!) y no poco morbo en forma de interrogantes sobre la muy trillada vida de la estrella, como ¿qué fue de su bisexualidad confesa?, ¿cuánto le duró exactamente su ramalazo nazi?, ¿cómo logra permanecer inalterable al paso del tiempo después de devorar toda la heroína y cocaína devorables?, ¿de verdad el marido fiel y el madrugador impenitente han suplantado a la bestia parda de las noches londinenses o berlinesas?


El hacerse cincuentón le ha coincidido al vampiro con la pronta salida al mercado de su nuevo disco (Earthling, a la venta en febrero) y con la reciente publicación en Gran Bretaña de dos biografías sobre su persona. Ni Living on the Brink, de George Tremlett, ni Bowie. Loving the Alien, de Christopher Sandford, suponen precisamente el desciframiento definitivo del autor de Ziggy Stardust pero sí desvelan alguna que otra intimidad más o menos velada del artista.

La vida de Bowie parte de una mentira, si se hace caso a la tesis sostenida por Sandford en su libro. El músico nacido en la barriada londinense de Brixton siempre alardeó de haber crecido en el humilde barrio de Harlem, en medio de una población compuesta por inmigrantes de todas las latitudes. El periodista Christopheer Sandford sostiene que, en realidad, Bowie fue criado por sus padres en Bromley, una zona exquisita de la capital británica, y que no vio emigrantes ni en pintura.

Por otra parte, la biografía habla de un personaje arrevesado donde los haya en las cuestiones sexuales, un voyeur incansable y amante de orgías cuanto más numerosas mejor. En las páginas de Bowie. Loving the Alien subyace además la que sería una de las explicaciones psicológicas del carácter difícil de la estrella, de su megalomanía y de su miedo patológico a la muerte: los problemas familiares derivados de la esquizofrenia y otros trastornos mentales (una hermana muerta en un asilo mental, otra lobotomizada, unos abuelos excéntricos, etc.). Ya se sabe, un astro sin un pasado atormentado no es un astro.

Bowie lo es. La vampirización de la que se hablaba ahí arriba es -mientras nadie lo prohíba y siempre que se haga bien- una forma de trabajo como otra cualquiera. Es la misma que permitió en 1969 a David Jones (su verdadero nombre) seguir los pasos de Stanley Kubrick y su 2001. Una odisea del espacio para componer Space Oddity, su primer disco serio si se exceptúan las inocentes experiencias juveniles de dos años antes contenidas en el álbum David Bowie. La misma que en 1972 le permitió parir a Ziggy Stardust, un extraño ser de lentejuelas, plumas y cresta anaranjada que se convertiría en capitán de los ejércitos del glam-rock, con permiso de Marc Bolan, otro amigo del alma al que Bowie se apresuró a fagocitar. Consecuencia de todo ello: La ascendencia y caída de Ziggy Stardust y las arañas de Marte, simplemente una de las cumbres del rock gracias a la voz de reinona de Bowie, a una banda de excepción y a unas letras que habrían llevado a la tumba a Margaret Thatcher de haber estado ya en Downing Street.

Antes, en Hunky Dory (1971), David Bowie había tenido a bien rendir sendos homenajes a varias de sus fuentes de inspiración: una de ellas fue, Lou Reed -quien compartiría con él el gusto por la heroína y alguna que otra pose de fotos comprometida y quién sabe si no sólo la pose-. Queen Bitch fue el título del recordatorio al líder de la Velvet Underground. Los otros dos homenajes fueron para Bob Dylan, Song for Bob Dylan, y Andy Warhol (Andy Warhol). Vampiro sí, pero agradecido.

También agradecido a los vanguardistas alemanes, de los que bebió para componer junto con Brian Eno la denominada trilogía de Berlín: Low (1977), Heroes (1977) y Lodger (1978), considerada por gran parte de sus seguidores y de la crítica como la cumbre de su carrera. Fueron años de brillantez musical y también de pasear al borde del precipio. La heroína paseaba entonces a un Bowie chupado y pálido, y devoto repentino de Adolf Hitler. En uno de sus conciertos, rizó el rizo al aparecer a bordo de un descapotable con camisa blanca, correas negras, el pelo corto engominado y el brazo en alto. El año pasado, Bowie volvió -musicalmente hablando- a aquellos tiempos. Fue con Outside, un disco áspero que supuso su reencuentro con Eno y en el que expresaba a través de la música y de un nuevo personaje inventado -el detective Nathan Adler- sus vivencias en un sanatorio mental cercano a Viena. Con este disco, y en compañía de Morrisey, fundador de los desaparecidos Smiths y uno de sus clones musicales declarados, recorrió toda Europa en una gira que le trajo hasta el Doctor Musical Festival celebrado el pasado verano en el Pirineo leridano.

Con Earthling, todavía en la caja fuerte de su casa discográfica, Bowie no satisfará, desde luego, el hambre de los fans de la primera época, siempre colgados de Ziggy Stardust y de la trilogía berlinesa. Y sin embargo, con sus nuevas mezcolanzas de rock y jungle David Bowie hace lo que hizo siempre: evolucionar al ritmo de su tiempo, con los ritmos de su tiempo, metodología ciertamente honesta y nada cómoda.

El autor sostiene que Earthling fue compuesto en nueve días y medio, algo que respondía a una filosofía de trabajo muy concreta: «Escribir muy rápido y simplemente ver qué ocurría». Dicho de otro modo, escritura automática, ejercicio favorito de los surrealistas que siempre adoró Bowie. Escribir frases y después recomponerlas, como su amado William Burroughs.

Telling lies, primer sencillo extraído del nuevo LP, puede ser escuchado desde hace varias semanas por los navegantes emperdenidos de Internet, algo lógico teniendo en cuenta la obsesión actual de Bowie por los ordenadores en general y la red en particular.

¿Quién le iba a decir a aquel adolescente londinense de la pupila dilatada por un puñetazo que acabaría siendo dueño de un web site? Pero el tiempo pasa. Y 30 años de carrera son tiempo. Aunque el vampiro, por ahora, no tiene achaques.

22 junio 2017

Un bustier para Lady Gaga

La diseñadora valenciana Elisa Palomino desembarcó en Cibeles Madrid Fashion Week (CMFW) hace tres temporadas procedente de varias pasarelas internacionales y con un currículo impecable en su cesto de costura lleno de sedas decimonónicas. Desde entonces nos tiene maravillados con sus colecciones temáticas como la de ayer que recreaba el vestuario de las hadas de la pintura victoriana rescatada del olvido por Christopher Wood y Jeremy Maas hace unas décadas.

Presentó unos preciosos vestidos de cóctel y noche algo orientalizantes en seda cuajada de flores, mariposas o pagodas chinescas, pintadas, bordadas o aplicadas en tonos que iban desde el negro al coral, pasando por azul Wedgewood. Más que vestidos del reinado de Victoria I, pienso que se ajustan más al de su hijo Eduardo VII ya que parecían anticipar el advenimiento de Lucile y los famosos teagowns con los que las mujeres recibían a sus admiradores a la hora del té.

Palomino vino a limpiarnos la retina del espectáculo de los corsés de Maya Hansen, diseñadora argentina que alcanzó gran notoriedad mundial con el bustier que crease para Lady Gaga. Creo que no hay nada más vulgar que una mujer con vaqueros y corsé, pero comprendo que a muchas pechugonas les hace ilusión llevar las tetas en bandeja.

Amaya Arzuaga presentó su segunda colección, un asunto comercial y menos intelectualizado que la primera que lleva unas temporadas presentando en París con gran éxito. Arrancó con unos conjuntos angulosos de falda y cuerpo en tono greige mezclado con un desafortunado mostaza verdoso. La noche fue mucho más suave, con vestidos de falda breve que se ceñían al cuerpo y con pecheras cuajadas de pequeñas flores de tela en un tono lavanda.

Juanjo Oliva parece decidido a dejarse de experimentos y presentó unas elegantes y vaporosas propuestas inspiradas en Bessie Wallis Warfield Spencer Simpson, osease la duquesa de Windsor, que dice admirar, imaginamos que por su chic y no por su muy poco admirable vida privada. La americana vuelve a estar de moda gracias a la denostada película de Madonna y Oliva copió su peinado de ondulación Marcel y recreo el vestuario de Mainbocher con el que la dos veces divorciada enamorase a un príncipe débil y pro nazi convertido en rey efímero. Abrió y cerró el desfile de Oliva Nieves Álvarez, maravillosamente caracterizada en señora Simpson.

Ana Locking a pesar de haberse separado de su socio Shocking hace tiempo sigue dispuesta a darnos grandes shocks con sus colecciones osadas. La de ayer llevaba por título Under Beauty y estaba realizada en tejidos estampados por la diseñadora con un sinfín de flores tipo Liberty.

12 junio 2017

Todos quieren filmar en Brunete

¿Qué será lo que tiene Brunete para ser el principal set de rodaje de España? En los últimos años el municipio madrileño ha sido escenario de más de 100 películas, series, anuncios y videoclips. Desde los últimos estrenos hasta los culebrones de mediodía y los vídeos de los músicos más conocidos, todos pasan por sus calles y plazas para rodar. El gran plató de la Comunidad de Madrid tiene varios secretos, pero los principales son la facilidad con la que se obtienen los permisos, su cercanía a la capital y el precio, que no tiene competencia con el de ciudades como Madrid u otros municipios más grandes. M2 se adentra en el mundillo de los rodajes para descubrir por qué Brunete es el lugar preferido de las cámaras, aunque su historia empezó hace ya más de 30 años.

El anuncio de Fairy en el que los habitantes de Villarriba y los de Villabajo dejan de ser rivales y se unen para limpiar una paellera gigante no se rodó ni en Villarriba ni en Villabajo, sino en Brunete. Allí también, por mencionar el ejemplo más reciente, se grabaron esta semana algunas escenas del último capítulo Homicidios, la serie protagonizada por Eduardo Noriega que se estrenará esta temporada en Telecinco.

El chirriar de la claqueta es un sonido habitual en este pueblo de 10.000 habitantes situado al suroeste de la región. «Arrastramos cierta tradición en rodajes que se ha modernizado y ampliado en los últimos 10 años», explica Marisol Gavilanes, jefa de Comunicación del Ayuntamiento.
Brunete inició su flechazo con las producciones audiovisuales hace 30 años, cuando Mariano Ozores lo eligió para rodar El hijo del cura (protagonizada por Fernando Esteso y Juanito Navarro, entre otros). En la última década, sus calles, sus casas y sus infraestructuras han sido escenarios habituales de series tan populares como Sin tetas no hay paraíso, Física o química y Amar en tiempos revueltos.

«Ceder estos espacios es una fuente de ingresos alternativa que, además, genera un movimiento laboral a pequeña escala», señala Borja Gutiérrez, el alcalde popular del municipio.
Alrededor de 600 vecinos de todas las edades están incluidos en una lista de potenciales extras que se pone a disposición de las productoras que quieren trabajar en el pueblo.
Las rubias despampanantes que aparecen en un anuncio de una cerveza italiana grabado hace unos meses a la puerta de la iglesia del pueblo en realidad son de Brunete.

Igual que los figurantes de uno de los spots de TVE para la Eurocopa de 2008, los de las películas Bajo las estrellas y Olé y los de algunos capítulos de Yo soy Bea y Hospital Central, entre otras muchas series.
Una parte esencial del atractivo audiovisual de la localidad reside en su agilidad para la tramitación de los permisos.

«Aunque cualquier rodaje conlleva mucha documentación, hemos tratado de simplificar los trámites al máximo», explica Marisol Gavilanes.
Si el equipo de grabación no necesita ocupar la vía pública con los vehículos en los que se transporta el material de grabación, la licencia pertinente puede estar lista en 24 horas. En caso de que sea necesario advertir a los vecinos de determinados cortes de calles o de la reducción temporal de los sitios destinados a aparcamiento, la espera para el sí administrativo se prolongaría un mínimo de 48 horas, un plazo que en todo caso es muy inferior al que se maneja en municipios más grandes de la Comunidad.

Otra de las claves del éxito cinematográfico y televisivo de Brunete es el precio. Un día entero de rodaje en los exteriores del municipio tiene una tarifa de 450 euros, con independencia de los metros cuadrados de calle que se necesiten, aunque la cifra se puede rebajar notablemente si se contrata un número particularmente alto de rodajes (por ejemplo, cuatro en un mes o una semana consecutiva).

Y un imán más para los productores en búsqueda de escenarios: la versatilidad del pueblo para ambientar lugares geográficos y épocas. En la pequeña o en la gran pantalla, sus calles han pasado por las de un pueblo andaluz, su plaza por la de una localidad de Navarra y la iglesia del siglo XVI por una de la época de los Templarios.
Sobre la mesa ha habido incluso un proyecto para rodar en Brunete una serie sobre el accidente del avión de Spanair en Barajas en 2017.

La idea al final no prosperó pero no por falta de torre de control, instalada con anterioridad y a priori sólo con fines decorativos en una de las rotondas a la entrada a la localidad.
No queda casi ningún rincón del pueblo en el que no se hayan colado alguna vez las cámaras y los focos, también para la realización de videoclips de los cantantes Melendi y Pasión Vega, entre muchos otros.

En la silla de madera tapizada de cuero que hay en el despacho del alcalde se han sentado jueces sin la carrera de Derecho; las instalaciones de la piscina han adquirido fisonomía de comisaría, con su cartel de delincuentes peligrosos en búsqueda y captura incluido...
«El uso de las dependencias municipales está permitido siempre que no se interrumpa la actividad normal», precisan en el Ayuntamiento. Además, añaden, «muchos vecinos ceden de forma habitual sus chalés, sus casas antiguas o sus locales comerciales para rodar». La próxima participación ciudadana, sin ir más lejos, será a principios de octubre para el programa de José Mota.

Por si aún parece poco, las firmas Montenegro, especializada en escenarios televisivos, y La Diligencia, que da servicio de catering a rodajes, son oriundas de Brunete.
Con este currículo no es difícil comprender por qué su nombre ha sonado en las quinielas para la futura ubicación de la Ciudad del Cine de la Comunidad de Madrid. Brunete ha sido el escenario de más de un centenar de filmaciones en los últimos años, y el rumbo sigue. California tendrá Hollywood, pero Madrid tiene Brunetewood.

Las cifras del cine en Brunete
Más de 100... Películas, videoclips, anuncios y series rodadas en los últimos años.
24 horas. Es el tiempo medio que tarda en tramitarse un permiso para rodar en el municipio, mucho menos que en otros lugares más grandes.
450 euros. Es el precio por un día de rodaje, sin límite de espacio, aunque puede abaratarse si se rueda varios días.
600 vecinos. Constan en un catálogo que maneja el Ayuntamiento para figurar como extras si el rodaje lo requisiera.

Los días que hay rodaje en la plaza de Brunete, la caja registradora del bar El Pueblo triplica su volumen. «Cuando se grabó el anuncio de Fairy hicimos bocatas para 500 personas», explica Melisa, la propietaria del local, que incluso ha llegado a transformarse en un camerino improvisado para los protagonistas de Amar en tiempos revueltos.

Un rodaje tipo traslada la localidad a un equipo de entre 50 y 60 personas. «No sólo genera recursos directos al Ayuntamiento, sino que revierte también en los comerciantes, desde los que venden bobinas de hilo o material eléctrico hasta los fisioterapeutas», explica Marisol Gavilanes, jefa de Comunicación del Consistorio.
De la tienda de animales Sin mascotas no hay paraíso salió el perro que adoptó una conocida actriz mientras rodaba allí. Aunque no todos se benefician del dinero de la recurrente presencia de los equipos audiovisuales en el municipio. «Darnos, a nosotros no nos da nada; si acaso nos quita porque hay gente que si no puede aparcar por aquí no entra a comprar», señala Sergio, de la perfumería y droguería Eco-Villa.

«Intentamos que se produzcan las menos molestias posibles a los vecinos», puntualizan en el Ayuntamiento. De ahí, concluyen, que muchos rodajes sean nocturnos o se hagan los fines de semana.
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